domingo, 13 de noviembre de 2016
Mi profesor: El creador de la Psicología Social Argentina, Enrique Pichón Riviere.
De padres franceses y nacido en Ginebra el 25 de Junio de 1907, Enrique Pichon Rivière llegó a los 3 años a Buenos Aires, para seguir viaje al Chaco Argentino, luego a Corrientes, donde su padre trata de trabajar el algodón con ningún éxito.
En este entorno selvático pasó los primeros años de su vida, entre los últimos malones de los Guaraníes y la imagen de su padre colgando sus mejores trajes europeos en un alambre al sol de la tarde. Primero aprendió a hablar francés, después guaraní y por último el castellano. Por casualidad, en la escuela secundaria de Goya tiene su primer encuentro con la obra de Freud.
Concluidos sus estudios en Goya, provincia de Corrientes, es uno de los fundadores del Partido Socialista de Goya, y luego marcha a Rosario (1924) para estudiar medicina. Su primer trabajo en esa ciudad es como instructor de modales en un quilombo (prostíbulo), de prostitutas polacas.
De retorno en Goya por cuestiones de salud (la bohemia lo lleva a la neumonía), ahora prueba suerte en Buenos Aires, donde conoce y hace amistad con personalidades como Roberto Art, Conrado Nalé Roxlo, y otros. Interesado por la poesía lee con avidez a los poetas malditos franceses, Rimbaud y en especial por Isidoro Ducasse, Conde de Lautréamont sobre el cual desarrolló una profunda investigación e indagación de lo siniestro. Entre 1930 y 1931 trabaja como periodista en el diario Crítica, realizando notas de arte y deporte.
En sus estudios de medicina ya desde temprano comprendió que "...toda la enseñanza era sobre cadáveres. Había allí una contradicción fundamental, un elegir -tal vez inconsciente- la muerte. Nos preparaban para los muertos, no para los vivos." Inicia su práctica como psiquiatra en El Asilo de Torres, para oligofrénicos, cerca se Luján, provincia de Buenos Aires. Se muda a Buenos Aires donde trabaja en otro sanatorio para enfermos mentales y también trabaja como periodista en el diario Crítica (1936). Una vez recibido entra a trabajar en el Hospicio de la Merced (hoy, Neuropsiquiátrico José Tomás Borda) donde trabaja durante 15 años.
En el Hospicio de la Merced uno de sus primeros trabajos es el de organizar grupos de enfermeros e instruirlos en el trato del paciente ; pues en esos momentos uno de los principales problemas era el maltrato que por desconocimiento impartían los enfermeros a los pacientes. En estas circunstancias desarrolla la técnica del "Grupo Operativo", "...en esos grupos discutía con los enfermeros los diferentes casos que había, se trataba así de darles un panorama general de la psiquiatría. El aprendizaje de los enfermeros fue sorprendente. Ellos tenían acumulada gran experiencia, dado que casi todos, habían trabajado años en el Hospicio. Su dificultad era que no podían conceptualizar; entonces, esa experiencia no les servía para nada...". Las condiciones mejoraron grandemente. Debido a un prolongado paro de enfermeros, debió capacitar a los enfermos que mejor se encontraban para ocupar este rol; "...Por último estos internos mejoraban ostensiblemente su salud mental. Tenían una nueva adaptación dinámica a la sociedad, especialmente porque se sentían útiles..." Las posturas reaccionarias de otros profesionales y la intención de destruir su trabajo lo llevaron a renunciar, no sin llevarse las vivencias que luego darían coherencia a sus proyectos. De esta praxis surgen estas reflexiones: "...Existe en nuestra sociedad, un aparato de dominación destinado, en última instancia, a perpetuar las relaciones de producción; vale decir relaciones de explotación. Este aparato de dominación tiene sus cuadros en psiquiatras, psicólogos, y otros trabajadores del campo de la salud, que vehiculizan, precisamente, una posición jerárquica, dilemática y no dilemática de la conducta. Son líderes de la resistencia al cambio, condicionantes de la cronicidad del paciente, al que tratan como un sujeto equivocado desde un punto de vista racional. Estos agentes correctores, cuya ideología y personalidad autocrática les impide incluir, una problemática dialéctica en el vinculo terapéutico, establecen con sus pacientes relaciones jerárquicas en las que se reproduce el par dominador - dominado. Se incapacitan, así , para comprometerse, también ellos como agentes - sujeto de la tarea correctora..."
En este entorno selvático pasó los primeros años de su vida, entre los últimos malones de los Guaraníes y la imagen de su padre colgando sus mejores trajes europeos en un alambre al sol de la tarde. Primero aprendió a hablar francés, después guaraní y por último el castellano. Por casualidad, en la escuela secundaria de Goya tiene su primer encuentro con la obra de Freud.
Concluidos sus estudios en Goya, provincia de Corrientes, es uno de los fundadores del Partido Socialista de Goya, y luego marcha a Rosario (1924) para estudiar medicina. Su primer trabajo en esa ciudad es como instructor de modales en un quilombo (prostíbulo), de prostitutas polacas.
De retorno en Goya por cuestiones de salud (la bohemia lo lleva a la neumonía), ahora prueba suerte en Buenos Aires, donde conoce y hace amistad con personalidades como Roberto Art, Conrado Nalé Roxlo, y otros. Interesado por la poesía lee con avidez a los poetas malditos franceses, Rimbaud y en especial por Isidoro Ducasse, Conde de Lautréamont sobre el cual desarrolló una profunda investigación e indagación de lo siniestro. Entre 1930 y 1931 trabaja como periodista en el diario Crítica, realizando notas de arte y deporte.
En sus estudios de medicina ya desde temprano comprendió que "...toda la enseñanza era sobre cadáveres. Había allí una contradicción fundamental, un elegir -tal vez inconsciente- la muerte. Nos preparaban para los muertos, no para los vivos." Inicia su práctica como psiquiatra en El Asilo de Torres, para oligofrénicos, cerca se Luján, provincia de Buenos Aires. Se muda a Buenos Aires donde trabaja en otro sanatorio para enfermos mentales y también trabaja como periodista en el diario Crítica (1936). Una vez recibido entra a trabajar en el Hospicio de la Merced (hoy, Neuropsiquiátrico José Tomás Borda) donde trabaja durante 15 años.
En el Hospicio de la Merced uno de sus primeros trabajos es el de organizar grupos de enfermeros e instruirlos en el trato del paciente ; pues en esos momentos uno de los principales problemas era el maltrato que por desconocimiento impartían los enfermeros a los pacientes. En estas circunstancias desarrolla la técnica del "Grupo Operativo", "...en esos grupos discutía con los enfermeros los diferentes casos que había, se trataba así de darles un panorama general de la psiquiatría. El aprendizaje de los enfermeros fue sorprendente. Ellos tenían acumulada gran experiencia, dado que casi todos, habían trabajado años en el Hospicio. Su dificultad era que no podían conceptualizar; entonces, esa experiencia no les servía para nada...". Las condiciones mejoraron grandemente. Debido a un prolongado paro de enfermeros, debió capacitar a los enfermos que mejor se encontraban para ocupar este rol; "...Por último estos internos mejoraban ostensiblemente su salud mental. Tenían una nueva adaptación dinámica a la sociedad, especialmente porque se sentían útiles..." Las posturas reaccionarias de otros profesionales y la intención de destruir su trabajo lo llevaron a renunciar, no sin llevarse las vivencias que luego darían coherencia a sus proyectos. De esta praxis surgen estas reflexiones: "...Existe en nuestra sociedad, un aparato de dominación destinado, en última instancia, a perpetuar las relaciones de producción; vale decir relaciones de explotación. Este aparato de dominación tiene sus cuadros en psiquiatras, psicólogos, y otros trabajadores del campo de la salud, que vehiculizan, precisamente, una posición jerárquica, dilemática y no dilemática de la conducta. Son líderes de la resistencia al cambio, condicionantes de la cronicidad del paciente, al que tratan como un sujeto equivocado desde un punto de vista racional. Estos agentes correctores, cuya ideología y personalidad autocrática les impide incluir, una problemática dialéctica en el vinculo terapéutico, establecen con sus pacientes relaciones jerárquicas en las que se reproduce el par dominador - dominado. Se incapacitan, así , para comprometerse, también ellos como agentes - sujeto de la tarea correctora..."
Mi abuela se fue con un circo!
Así como lo lees...
Madre de cuatro niños pequeños, en vano fue buscarla por meses y meses.
A simple vista, un verdadero caos...Pero el tiempo puso las cosas en su lugar y ahora estoy segura, que no tuvieron mejor madre que la que luego los criara.
Sofhía, la madre de mi padre, nació en Rusia, intentó llevar una vida moderada, habitual, dentro de los parámetros "normales"...Pero no estaba preparada para ello. Y fue entonces que desapareció del pueblo con el dueño de un circo ambulante.
Nunca se supo más ella, hasta que falleciera en 1965. Para entonces, estaba casada con un marinero 35 años menor que ella.
A modo de anécdota, dejo esta historia aquí, ya que mi familia intentó ocultarla por décadas. No es mi fuerte "Ocultar" absolutamente nada...Es más, tengo cierto sentimiento de comprensión para con ella y su larga y penosa historia de huérfana e inmigrante.
Rita Mercedes Chio
Madre de cuatro niños pequeños, en vano fue buscarla por meses y meses.
A simple vista, un verdadero caos...Pero el tiempo puso las cosas en su lugar y ahora estoy segura, que no tuvieron mejor madre que la que luego los criara.
Sofhía, la madre de mi padre, nació en Rusia, intentó llevar una vida moderada, habitual, dentro de los parámetros "normales"...Pero no estaba preparada para ello. Y fue entonces que desapareció del pueblo con el dueño de un circo ambulante.
Nunca se supo más ella, hasta que falleciera en 1965. Para entonces, estaba casada con un marinero 35 años menor que ella.
A modo de anécdota, dejo esta historia aquí, ya que mi familia intentó ocultarla por décadas. No es mi fuerte "Ocultar" absolutamente nada...Es más, tengo cierto sentimiento de comprensión para con ella y su larga y penosa historia de huérfana e inmigrante.
Rita Mercedes Chio
El qué dirán...
Cuántas vidas crees que tienes? Entonces a esa sola vida que tienes, transítala a tu gusto. Mañana nadie vendrá a darte absolutamente nada, en caso de necesitarlo.
"El qué dirán"...Una amarra al prejuicio, a la represión y a la hipocresía. Herencias de culturas, educación, mentes que ponen en la mirada de un otro, tus propias decisiones.
Hubo tiempos en que una mujer era mal vista si se divorciaba, si abandonaba su hogar, si era madre soltera o se daba el permiso de salir con todos los hombres que le atraían.
"El qué dirán" te lleva a mentir, a ocultar, a callar, a fingir algo irreal; pero recuerda...llegará el momento en que ese tiempo no se recupera, los años pasan, el espejo es cruel aliado y tu conciencia no estará plena, tarde ya...
Hazle caso a tus instintos, deseos, grandes y pequeñas cosas cotidianas. Quién juzga a los demás, ha perdido la capacidad de conocerse a sí mismo.
VIVE...Y elije el: "Qué quiero al Qué debo"
Vive...El camino es muy breve cuando quieras darte cuenta.
martes, 8 de noviembre de 2016
PRINCESA DE NIEVE - Tributo a "Anastasia Romanov" (Prosa)
Errante zarina, ojos de humo con destellos de cielo. Malezas aferradas a la oscura falda de terciopelo, con encajes desencajados. Pequeña alondra a la que le han destruido su nido de cristal. Pestañitas blancas, labios de mora entumecida. Algunas alhajas en tu bolsillo profundo, entre ellas, las fotos del olvido.
Nieve sobre los campos de la Rusia amada, con algunas rosas de sangre floreciendo entre la espesura, donde se hunden tus botines de cabritilla blancos. Cuanto silencio en el bosque que atraviesas con la boca sellada y una capa desgarrando sus hilos de oro. Seguirán tu perfume de niña, los hambrientos lobos de la revolución Bolchevique.
Qué es lo que hay allí más adelante? La vida o la historia? Zarina errante…Aún no han florecido tus pechos de seda, más blancos que la nieve que va cubriendo tu rastro. El leñador que observa tu paso, sonríe y no se apiada. Acaso eres la culpable de los arco iris ausentes? Del poder que pasa de mano en mano como una moneda heredada o de las heladas aguas del Volga?
Manitos de estepa abandonada. Dónde vas con tu corazoncito desbordado dejando entre el follaje, las perlas de tu gargantilla, como migajas de pan que alimentarán espíritus cobardes, salvajes, sedientos de sangre roja-azul-roja.
Ay pequeña mía! Anímate a bailar conmigo el último vals de la vida…Aún conservo algunas gotitas de tu savia en mi cuerpo. Varios de los míos, llorarán esta tragedia que aún no concibes. Solo corres por los sinuosos caminos de la muerte. Plomizo cielo destaca la palidez de un rostro que se niega a elevar la mirada que ya no puede mirar. Estás exhausta. Sabes que si cierras los ojos, no volverás a ver la luz del amanecer, y no escucharás las campanas, no verás florecer tu jardín de verano, no festejarás los abrazos que ya no existen. Nada puedo hacer…Nada pude hacer. Abro un vetusto libro y me sonríes inocente desde una eternidad irremediable. Pequeña Anastasia Romanov, solo te han concedido unas horas más de tormento.
(Rita Mercedes Chio)
Derechos reservados
También en memoria a mi Abuela Sofía, Nacida en el Volga.
También en memoria a mi Abuela Sofía, Nacida en el Volga.
Era la pequeña de las cuatro hijas del Zar y era muy conocida por ser quien cuidaba constantemente de su hermano el Zarevich Alexis, el pequeño de la familia. Anastasia se crió junto a sus otras tres hermanas: Olga, María y Tatiana. Junto a ella siempre su adorado hermano Alexis de dos años menor que ella. Vivió alrededor de una corte sublime, pomposa y elegante. Pero a Anastasia de carácter algo reservado, disfrutaba de realizar actividades lúdicas como también tenía entre sus aficiones, salir al campo, practicar tenis, jugar con sus hermanas o escuchando a su abuela paterna, la zarina María de Dinamarca que disfrutaba de contar miles de historias y cuentos infantiles. Sabemos que también asistió a actos protocolarios como las fiestas de Navidad o de Pascua de Resurrección. No hay muchos datos de la joven Anastasia desde su nacimiento hasta el final de sus días.
"Se dice de mí" - Tita Merello - Un ícono argentino. ( Biografía y vídeo - Milonga )
Tita nació en 1904 en uno de los barrios más emblemáticos de la Ciudad de Buenos Aires. Su verdadero nombre fue Laura Ana Merello. Ella fue criada en un orfanato pero no recibió educación formal. Desde pequeña tuvo necesidad de trabajar (en un campo) en el Uruguay. A los 15 años retornó a Buenos Aires. Allí hizo todo lo posible para mantenerse económicamente
Su Gran Amor Luis Sandrini fue el gran amor de la vida de nuestra Tita. Desde 1945 a 1955, ellos vivieron un romance que según él fue un amor muy tormentoso. Sandrini la dejaría para casarse con Malvina Pastorino.
Sus amigos Tita no se caracterizó por ser una mujer muy amigable, pero si se sabe que tenias varias personas que para ella eran como hermanos. Hugo del Carril, fue uno de ellos, además de ser un compañero de militancia, fue el que le devolvería a Tita la vuelta al Cine y al canto luego de su exilio en 1955
"...Si fea soy, pongamosle, yo de eso aún no me entere. En el amor yo solo sè, que a más de un gil, dejé de a pie... Podrán decir, podrán hablar y murmurar y rebuznar, más la fealdad que Dios me dio, mucha mujer me la envidió… Y no dirán que me engrupí, porque modesta siempre fui ¡YO SOY ASI!..."
Se Dice de mí… Se Dice de mi, fue el tema que canta en la tal famosa pelicula “Mercado del Abasto”, y que la llevó al estrellato a Tita, ya que con el mas de una mujer argentina se sintió identificada, y dejó a la Merello en una de las más fervientes defensoras de los derechos de las mujeres de la época.
lunes, 7 de noviembre de 2016
domingo, 6 de noviembre de 2016
VERANO DEL 42 - Prosa tributo y vídeo. 1º Premio Prosa (Venezuela 2011)
Libero la penumbra del cuarto vacío. Vuela como un pájaro asustado, escapando a contraluz, montada en las partículas de polvo, que danzan encandiladas por un incipiente amanecer. Claveles color sangre esquivan los encajes del cortinado que nadie bordó. Mis pies navegan sobre pisos de madera flexibles como una cintura a la hora del amor. Por debajo de la puerta, blanco sobre se desliza hasta rozar el último instante de la espera. Ahora en mis manos, no he podido evitar que tiemble como una hoja a punto de caer en los brazos de la tormenta.
Paso frente al espejo que duplica todo el cuarto de estar. Mi cabello aun sigue atado, aunque la nívea cinta que lo sostiene, está a punto de besar mi espalda. Sobre la redonda mesa de esterilla, una rosa de satén se estremece de cara a la brisa. Junio de 1942…
Afuera las sirenas y los aviones componen una melodía de espanto y terror. Comienzo a llorar sin leer la carta. El escudo del sobre sacude la sangre de mi cuerpo hasta dejarla en blanco. Fría, húmeda, la piel suda y se congela en un suspiro. Regresan los besos que dormitaban en los andenes. Se vuelven a abrir los ojos después del abrazo. El silbato del tren y los brazos fuera de las ventanillas. Promesas que se evaporan el los remolinos del destino.
Dejo la carta sin abrir, sobre unas cuantas misivas aprisionadas bajo un medallón de bronce. Grito sin gritar. Desgarro el camisón de seda que dibuja una silueta con sabor a muerte. Alguien llama a la puerta. Insiste, golpea las ventanas, me nombra. Es el joven que me ayuda con las compras de la semana. Prendo la radio a todo volumen para escuchar “según pasan los años” y abro la puerta. Tímido y titubeante deposita el pedido sobre un amplio sillón de brocato y me mira con sus ojitos empañados. Caigo de rodillas y me aferro a su cintura. Acaricia mi cabeza, besa mi frente, mis lágrimas…hasta que mi boca se lanza inconsciente sobre sus labios de fuego. Deja caer sus tiradores y me abro ante tanta inocencia, como una flor al amanecer. El mañana es hoy.
Paso frente al espejo que duplica todo el cuarto de estar. Mi cabello aun sigue atado, aunque la nívea cinta que lo sostiene, está a punto de besar mi espalda. Sobre la redonda mesa de esterilla, una rosa de satén se estremece de cara a la brisa. Junio de 1942…
Afuera las sirenas y los aviones componen una melodía de espanto y terror. Comienzo a llorar sin leer la carta. El escudo del sobre sacude la sangre de mi cuerpo hasta dejarla en blanco. Fría, húmeda, la piel suda y se congela en un suspiro. Regresan los besos que dormitaban en los andenes. Se vuelven a abrir los ojos después del abrazo. El silbato del tren y los brazos fuera de las ventanillas. Promesas que se evaporan el los remolinos del destino.
Dejo la carta sin abrir, sobre unas cuantas misivas aprisionadas bajo un medallón de bronce. Grito sin gritar. Desgarro el camisón de seda que dibuja una silueta con sabor a muerte. Alguien llama a la puerta. Insiste, golpea las ventanas, me nombra. Es el joven que me ayuda con las compras de la semana. Prendo la radio a todo volumen para escuchar “según pasan los años” y abro la puerta. Tímido y titubeante deposita el pedido sobre un amplio sillón de brocato y me mira con sus ojitos empañados. Caigo de rodillas y me aferro a su cintura. Acaricia mi cabeza, besa mi frente, mis lágrimas…hasta que mi boca se lanza inconsciente sobre sus labios de fuego. Deja caer sus tiradores y me abro ante tanta inocencia, como una flor al amanecer. El mañana es hoy.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)























