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lunes, 2 de noviembre de 2015

EL ALA DERECHA DE LA MARIPOSA



En la palma de una mano,
agoniza, débil, etérea,
pero no lo sabe.
Es como el tiempo de las alegrías
o el tiempo de las desdichas,
breve, inevitable.

No comprende en qué caso
la eternidad tiene sentido.
A veces,
en unos segundos de amor eterno
o tal vez, en cien años de soledad.

Lo infinito se viste de azul
y grita estrellas en el cosmos.
Es tan vieja como la muerte,
con tan solo unas horas
de vuelo rasante
sobre la piel de los sueños.

No importa quien la contempla,
Dios no detiene los relojes.
Dios equilibra lo que emerge,
lo que nace con aquello
que tan solo se transformará.

Ella en la palma de una mano,
y su ala derecha,
derramando colores
sobre la calzada.
A escasos metros,
cae abatido un delincuente,
se escucha el chillido
del recién nacido,
la risa del joven enamorado
y el tintineo de escasas monedas
a los pies de un mendigo.

Vida, muerte, destino.
El hombre la observa,
agradece no ser mariposa
y ella no lo sabe.
Suenan las sirenas,
canta un ave
en el balcón número setenta,
un barrilete se suicida
soltándose de la cuerda
y el niño de la vuelta,
roba algunos centavos
en la fuente de los viajeros.

La vida cae en picada
allí donde su alita perdida
se mueve a voluntad del viento.
Vuela sola…Más,
olvidó su corazón
en la palma de una mano cualquiera.
Vida, muerte, destino.





Rita Mercedes Chio
D. Reservados

sábado, 8 de agosto de 2015

jueves, 16 de abril de 2015

BOSQUE VIRTUAL - Prosa poética y vídeo



Sobre la huella de mis pasos, pequeñas semillas prometen ser retoño, árbol, flor o espiga que alimente un canto nuevo, aquella esperanza que necesita del armonioso conjuro de corazones limpios. Algunas serán flor de un día, las más etéreas, las menos seguras. Algunas, enredaderas aguerridas sobre el dorso de la vida, multiplicando la savia, conteniendo el vital rocío de los suspiros que se pierden en el bosque. Camino bajo el cerrado aliento de duendes diurnos, en el filo de un poema que no me atrevo a firmar, en aquella huella que dejó una patética caricia cibernética. Más, sigo con la siembra. La misión de estar vivo, en una marañosa ruta de verdades y mentiras. Trigo para el cuerpo, orquídeas para el alma. 


Cruz abandonada luego de mil promesas, sigue siendo cruz ante la mirada divina. Y el pájaro más esquivo, trina sin discutir su destino, sabe que es en el camino, donde se pare la vida.
Zetas de colores a los pies de la haya. Seductoras, peligrosas… como la curva más cerrada de un ave ciego, buscando aquel rayo de luz, que puja por entrar en corazones acorazados. 

Cervatillo que no puede distraerse. Una abeja regresa soñando que nadie le robará su miel. La paloma lejos del nido, embucha para dos crías, olvidándose de sí. Y la muerte graba sus iniciales sobre el mismo tallo, que florece inocente endulzando la brisa, un día cualquiera.

Sobre la huella de mis pasos, las perlas saladas de mis ojos, un puñado de letras, los colores de tu pintura, un extraño ramillete de blancas violetas.



De: Rita Mercedes Chio Isoird

domingo, 28 de septiembre de 2014

EL ALA DERECHA DE LA MARIPOSA - POEMA Y VÍDEO

                                   
                                                           
                             

En la palma de una mano,
agoniza, débil, etérea,
pero no lo sabe.
Es como el tiempo de las alegrías
o el tiempo de las desdichas,
breve, inevitable.

No comprende en qué caso
la eternidad tiene sentido.
A veces,
en unos segundos de amor eterno
o tal vez, en cien años de soledad.

Lo infinito se viste de azul
y grita estrellas en el cosmos.
Es tan vieja como la muerte,
con tan solo unas horas
de vuelo rasante
sobre la piel de los sueños.

No importa quien la contempla,
Dios no detiene los relojes.
Dios equilibra lo que emerge,
lo que nace con aquello
que tan solo se transformará.

Ella en la palma de una mano,
y su ala derecha,
derramando colores
sobre la calzada.
A escasos metros,
cae abatido un delincuente,
se escucha el chillido
del recién nacido,
la risa del joven enamorado
y el tintineo de escasas monedas
a los pies de un mendigo.

Vida, muerte, destino.

El hombre la observa,
agradece no ser mariposa
y ella no lo sabe.
Suenan las sirenas,
canta un ave
en el balcón número setenta,
un barrilete se suicida
soltándose de la cuerda
y el niño de la vuelta,
roba algunos centavos
en la fuente de los viajeros.

La vida cae en picada
allí donde su alita perdida
se mueve a voluntad del viento.
Vuela sola…más,
olvidó su corazón
en la palma de una mano cualquiera.


Vida, muerte, destino.




Rita Mercedes Chio
D. Reservados
Argentina